domingo, 19 de febrero de 2017

EVANGELIO DEL DOMINGO

Evangelio

Evangelio según san Mateo (5,38-48), del domingo, 19 de febrero de 2017

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,38-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
Palabra de Dios


Comentario a la Lectura:

Seguimos este domingo con el capítulo cinco de San Mateo y en el contexto con el que empezó, las Bienaventuranzas, hoy se termina, con lo que algunos han llamado, las locuras de Jesús. La dinámica es la misma: “Habéis oído que se dijo. Pero yo os digo”. Podríamos jugar a este juego, cuáles son las frases que comúnmente usa o usamos la gente y cuáles usaría el Evangelio. Pongamos algunos ejemplos: se saca más pidiendo que dando; primero los nacionales, después los extranjeros; cuanto más pones, más pierdes; hecha la ley, hecha la trampa.… Añadir cada uno las más populares en vuestros ambientes, e intentemos pasarlas después, por el filtro de las palabras de Jesús.

En aquel tiempo y quizás hasta hoy, uno de esos dichos era: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero Él nos dice: “No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas”. Menudo panorama, poner la otra mejilla, entregar el manto, caminar dos millas, dar prestado, estos verbos en nuestra sociedad no se conjugan, llevarlos a la práctica es una tontería. El texto es una exageración, no cabe otra cosa.

Está bien ser realistas, pero la primera lectura del Levítico, nos recuerda: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo”. Estamos llamados a vivir en la humildad, de aquellos que parecen débiles, pero son los más fuertes. Cuando todos damos demasiada importancia a nuestros derechos, no hacer frente al que nos agravia, recibir bofetadas, compartir, dar, prestar, es como nos dice San Pablo en la segunda lectura a los Corintios: “Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio”. La sabiduría consiste en ser compasivos y misericordiosos, no en la venganza, sino en la mansedumbre, como nos decían las Bienaventuranzas.

Pero el juego sigue: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos”. Increíble, es el culmen, amar y rezar por los enemigos, pero no decimos que “al enemigo ni agua”, cómo le puede llegar la lluvia y el sol. Identificar a los enemigos a nivel personal o social, es la causa de muchas de nuestras guerras y enemistades, creadas en ocasiones por la influencia de los medios y el ambiente. Perdonar: “Perdónales porque no saben lo que hacen”, es la esencia de nuestro ser creyentes.

Lleguemos hasta el final: “Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. Aquí se resume todo el capítulo y la vida cristiana,  pues se recoge lo que dice el Levítico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” y lo que comunica San Pablo a los Corintios: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros”.

Las personas, el prójimo, son y somos templo de Dios, desde esta perspectiva se puede entender toda esta Palabra. Es volver al Génesis: “Nos hizo a su imagen y semejanza”, a la santidad primera, y ésta es una tarea para toda la vida. Pidamos al Señor, que nos conceda mirar con otros ojos, entrar en la dinámica (Juego), de cambiar esas expresiones que usamos y que no son muy cristianas, introducir en la vida cotidiana los valores, que en todos estos domingos, nos ha trasmitido San Mateo, desde estas páginas evangélicas.

sábado, 18 de febrero de 2017

Primer ensayo


Buenos días a todos, este Domingo 19 de Febrero tendrá lugar el primer ensayo para nuestra salida procesional. A partir de las 11:45 se realizará la acogida de costaleros.


También avisaros que la semana que viene, el Viernes 24 se organizará una asamblea en los salones parroquiales para dar a conocer e informar sobre la situación actual del Grupo Parroquial.
(La hora aún está por determinar).

sábado, 11 de febrero de 2017

Lectura del 12-2-2017

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-37):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas:
no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y silo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Palabra del Señor

Comentario a la lectura:

Queridos hermanos:Estamos en el capítulo cinco de San Mateo, que comenzó con las Bienaventuranzas y nos daban una clave distinta de actuación, más allá de la ley o los diez mandamientos. Ésto es lo que se nos anuncia en este domingo. Jesús nos dice: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”, “Habéis oído que se dijo a los antiguos, pero yo os digo”. Las enseñanzas del Maestro son más exigentes, van más allá de la ley; los que estaban acostumbrados a confesarse repasando los diez mandamientos, se darán cuenta, que es más duro hacerlo revisando las siete Bienaventuranzas.
Pone algunos ejemplos: “Se dijo: no matarás. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano imbécil, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama renegado, merece la condena del fuego”. Sin duda es una exageración, que muestra que el Reino de los cielos, nos invita a vivir en la fraternidad, que es mucho más que no matar. Está en la línea de todo el capítulo, cuando nos habla de poner la otra mejilla, de dar el manto y acompañar dos leguas.
“Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda”. Con lo fácil que es depositar la ofrenda, sobre todo si es económica, unos euros en el cestillo o en el cepillo de Cáritas, decir los pecados al sacerdote y volver a casa justificado. Pues no; hay que reconciliarse, “arreglarse enseguida, mientras vais todavía de camino” y es que el pedir perdón al hermano, al marido, a los hijos, vecinos,  puede parecernos nuevo, a mi me sobra con decírselo al confesor, pero hace más de dos mil años que se dijo.
Parece claro, que hemos tomado del Evangelio, lo que más se asemeja a lo que pensamos y las siguientes palabras del texto, las repetimos al pie de la letra: No cometerás adulterio, no está permitido divorciarse de su mujer. Aquí, no hay contexto, ni interpretaciones, es curioso, lo que hace referencia a lo sexual es más preceptivo que lo social, hacer justicia, estar al lado de los pobres, parece ser optativo. Todo es Palabra de Dios y a todo hay que aplicarle el amor y debe ser interpretada desde la enseñanza y la vida de Jesús, que es el intérprete definitivo de la Escritura. Toda la ley se cumple en una sola palabra, a saber, el mandamiento de amor al prójimo.
El texto es radical: “Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo”, “Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala”, “Yo os digo no juréis en absoluto”. Se nos propone ser perfectos, así nos lo recuerda el Evangelio que leeremos el próximo domingo, continuación de éste y que después de hablarnos del amor a los enemigos, resume, en el versículo cuarenta y ocho: “Sed, pues, perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial”. Este es el pensamiento de fondo y la profundidad de todas estas expresiones que pueden parecernos excesivas, pero que nos invitan a caminar en la voluntad del Señor.
Al final, en nuestras comunidades y parroquias, tendremos que decir con el Salmo responsorial: “Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón”. Dichoso, feliz, bienaventurado y continuar su lectura hasta llegar al final: “Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón”.

sábado, 4 de febrero de 2017

LECTURAS 5/2/2017

Evangelio

Evangelio según san Mateo (5,13-16), del domingo, 5 de febrero de 2017
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Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,13-16):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor


Comentario de la lectura

“Vosotros sois la sal de la tierra”, “Vosotros sois la luz del mundo”, dos símbolos que no necesitan demasiadas explicaciones. Como la sal da sabor a la comida, los cristianos estamos llamados a dar sabor a la vida. Basta un poco de sal, un kilo de alubias, no necesita un kilo de sal, el exceso de sal es perjudicial. No sé, si durante muchos años, hemos querido llenar el cuerpo social, de la sal religiosa y eso ha producido una subida de tensión o una comida que era difícil de asimilar. El ama de casa sabe que hay que dar sabor, pero sin pasarse, el Evangelio es lo que da sabor a la comunidad humana.
Tenemos que aprender a vivir en minoridad, la sal se diluye en los alimentos y nos enseña la humildad. Nos lo repite Jesús en otros textos: El Reino es semilla, levadura, grano de mostaza…, no nos deja lugar al triunfalismo, parece decirnos: con poco-mucho. No necesitamos el aplauso, sino el testimonio, la autenticidad, el compromiso: “¿Por qué si la sal se vuelve sosa. No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente?”. El Reino crece, cuando nosotros los cristianos, desde el mensaje y dentro del mundo, aportamos los valores y la energía del Evangelio.
Somos también luz. Cuando no teníamos luz eléctrica, todos sabíamos que el candil, había que ponerlo bien alto, si queríamos iluminar cualquier estancia. En la oscuridad del mundo, en los momentos difíciles de la existencia, cuando parece que andamos ciegos, nosotros apuntamos la aurora. Como nos dice la primera lectura de Isaías: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres, viste al que va desnudo, y no te cierres a tu propia carne. Entonces romperá la luz como la aurora, enseguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.
La luz, es un tema recurrente en los textos bíblicos y en nuestras celebraciones. Jesús es la luz y a nosotros se nos llama a vivir como hijos de la luz: “Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”. No es fácil, dar luz a las diversas situaciones de la vida, aportar lo que vivimos y hacerlo, como les recuerda San Pablo a los Corintios en la segunda lectura: “Cuando vine a vosotros a anunciaros el testimonio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna sino a Jesucristo y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temeroso; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.
Ser sal y luz es vivir en la pequeñez, ser testigos, acompañar a los que tenemos a nuestro lado, en la familia, el vecindario, el trabajo, recordándoles nuestra sencilla fe, que es lámpara frágil, comida cotidiana sabrosa. Nuestra fe, es el esfuerzo por ver y hacer ver, llama de amor viva, faro en el mar, foco en el sendero, luna llena en la noche, poco más y poco menos, lo que hace que nuestra vida, tenga dirección y sentido. Ofrecérselo a otros, sin mucha elocuencia sino haciendo que nuestras actitudes, nuestros gestos y acciones, hablen por sí mismos, es el mejor método evangelizador.
Nuestras parroquias y comunidades, en esta semana (el jueves) que hemos celebrado la fiesta popular de la Candelaria, de la Presentación del Señor y la Jornada de la Vida Consagrada, deben mantener encendida esa luz, que se nos otorgó en el bautismo. Se nos llamó y se nos llama para ser luz y sal, hoy más que nunca es tiempo de iluminar y salar.  


Si quieres ver la lectura en Lengua de Signos entra en el siguiente enlace:

                                       https://www.stamsilencio.com


viernes, 20 de enero de 2017

IMPORTANTE

Se informa a todas las personas miembros del Grupo Parroquial Paz y Misericordia que el número de cuenta donde se hacía los pagos de cuotas se ha cambiado. A partir de ahora la cuenta del banco de Caja Rural queda cerrada y quien quiera pagar su cuota por banco deberá hacerlo por la nueva cuenta.

El número de cuenta nuevo es el siguiente:

Banco: Santander

Nº. CUENTA:  ES27-0049-3224-60-2514050435 



Que la paz de Cristo y la Misericordia de su Madre os acompañe siempre.

domingo, 8 de enero de 2017

LECTURAS EVANGELIO 8/01/2017

Comentario al Evangelio del  

http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/?f=2017-01-08

Queridos hermanos:
La liturgia, nos invita una vez más a recordar nuestro bautismo. La verdad, que es el primer sacramento y por el cual accedemos a la Iglesia, pero quizás, sea del que somos menos conscientes y no sólo porque lo recibimos de niños. El bautismo de Jesús no es una anécdota más en su vida, en este momento está presente toda la Santísima Trinidad: el Padre que habla desde el cielo, el Espíritu Santo en forma de paloma, que se posa sobre el “predilecto”. Está claro, que es el elegido para una misión específica, y nosotros: ¿no debemos pensar que nuestro bautismo es un proceso que nos compromete a seguir al Hijo?
A partir del bautismo, de esta presentación en público, comienza Jesús sus obras y palabras, del mismo modo, nosotros al ser bautizados, somos elegidos para ser miembros de su pueblo y mensajeros del Evangelio. Bautizarse es recibir la fuerza del Espíritu, como dice Pedro en la segunda lectura de los Hechos de los Apóstoles: “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios por la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él”. Esa fuerza nos llevará a cumplir la primera lectura de Isaías: “Yo, el Señor, te he llamado con justicia. Para que abras los ojos a los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la misma mazmorra a los que habitan en las tinieblas”.
Estar bautizado exige asumir una misión y una identidad, ésta no se puede adquirir cuando se es niño, por eso necesita un acompañamiento, durante las diversas etapas de la vida. Hasta hoy los sacramentos del Bautismo, Eucaristía y Confirmación (que son los de la iniciación cristiana), se recibían en un contexto de una vida familiar orientada a la fe y sostenida por un recorrido catequético de preparación. Ahora en cambio, hay familias que no piden el bautismo para sus niños; chicos bautizados, que no acuden a los demás sacramentos de la iniciación; y si acceden, desertan de la Misa Dominical después de la comunión, lo mismo vale, para los que desaparecen de la vida eclesial, después de haber recibido el sacramento de la Confirmación. Se trata de una crisis seria en la iniciación, que impone un replanteamiento de la pastoral ordinaria.
Desde hace tiempo en nuestras parroquias, hemos tratado de “iniciar en los sacramentos”, con un considerable esfuerzo, gasto de energías y buena voluntad. Quizás, deberíamos empezar más decididamente; “a iniciar a través y desde los sacramentos”. Dejar de gastar tantas fuerzas en él durante la preparación o hacerlo de otra manera y sobre todo, potenciar el después. Se necesita una perspectiva catecumenal, que incluya a padres, hijos y catequistas. Un camino que se desarrolla en etapas, con recorridos diferenciados e integrados y que comienza en el momento del bautismo (pre-bautismales). Basado en el conocer, celebrar y vivir, con un acento especial en el servicio a los pobres y el compromiso en la realidad.
Es preciso, por tanto, valorar los momentos, (todos, no sólo los que pertenecen a la vida comunitaria), en los que la parroquia, se pone en contacto con el mundo alejado, despistado e incapaz de dar nombre a la propia búsqueda. Es tiempo de ir (Mc 3, 14-15). Jesús piensa en la comunidad, en función de la misión y no al revés, y es en el bautismo donde comienza su misión. Debemos en nuestra Iglesia, recobrar la importancia del bautismo, que es el ingreso en un horizonte nuevo de la vida, no en un club, sino en una casa, en un hogar, el de Dios, el nuestro. El bautismo es la declaración de hijos o mejor dicho, de que Dios es Padre.
Es pasar de Adán y una vida marcada por la expulsión, el miedo, la culpa, el pecado. A una vida regida por Jesús y su perdón, misericordia, gratuidad y esperanza. Por eso, podemos dedicarnos a disfrutar y aportar lo poco que tenemos, a mejorar esa casa que es el mundo, la casa más cercana de nuestra comunidad, (la Iglesia, nuestra parroquia) y la casa familiar. Sin olvidar, que debemos comunicar a otros lo que nos ha pasado, lo que nos ha traído el bautismo, trabajando por la justicia, la paz y la libertad.




lunes, 2 de enero de 2017

miércoles, 28 de diciembre de 2016

CARTERO REAL Y TEATRO

Hoy en nuestra parroquia nos visitará el Cartero Real y podremos disfrutar de una breve representación teatral de la Navidad. ¡Os esperamos!




domingo, 25 de diciembre de 2016

CRISTO NACIÓ

¡FELIZ NAVIDAD!

El Grupo Parroquial Paz y Misericordia les desea una Feliz Navidad y un próspero año 2017. Que la Paz de Cristo y la Misericordia de su Madre os acompañen durante todo el año.

¡CRISTO NACIÓ! ¡FELIZ NAVIDAD!



martes, 20 de diciembre de 2016

y TÚ, ¿qué has hecho en mi ausencia?

El Señor de la Paz salió anoche hacia su restauración. Ayer fue un día de tristeza para la feligresía de nuestra parroquia pues su Santísimo Cristo de la Paz se ausentará varios meses de su casa, de su templo, de su altar. Hubo lágrimas y miradas íntimas entre el Señor de la Paz y cada una de las personas que lo fue a visitar ayer, miradas de nostalgia, pero sobre todo, miradas de esperanza.

Esperanza por que regrese pronto, esperanza porque lo echarán de menos pero quizás, al menos desde hoy, debamos mirar lo que realmente debemos mirar. Por supuesto que su ausencia se notará, pero, ¿quién es más sabio que Dios? El Señor de la Paz eligió salir de su casa en el final del tiempo de Adviento, y no, no fue casualidad. Nuestro Cristo de la Paz nos enseña una vez más el camino a seguir ausentándose en vísperas del día más grande que puede haber para los cristianos: la Natividad.

En este tiempo de Adviento nos hemos preparado para la llegada del Amor, de la Luz en la oscuridad, o al menos hemos debido hacerlo, y el Señor de la Paz nos dice "me voy ahora para que os centréis en lo que viene". Es un tiempo donde tendremos que llevar a cabo toda esa preparación, propósitos y deseos que sean ejemplo de Cristo, para que cuando en unos meses regrese a su casa y nos pregunte: "y TÚ, ¿qué has hecho en mi ausencia?", podamos responderle: "Me preparé para tu llegada Señor".

Somos criados del Amor, debemos estar en vela constantemente y estar en vela no significa sólo esperar de forma pasiva, sino esperar con el corazón realizando las obras que Dios nos pide: Orar, Evangelizar y Creer.

Este tiempo de ausencia del Cristo de la Paz debe ser motivo para hablar más con Él, orando desde la distancia, buscando una relación más íntima con el Padre partiendo del Niño Dios, para que cuando regrese a su casa y nos pregunte: "y TÚ, ¿qué has hecho en mi ausencia?", podamos responderle: "Padre de la Paz, en tu ausencia me he acercado a aquellas personas que veo en tu casa todos los días y nunca las he saludado, he intentado hacer más comunidad porque sé que te alegraría, he rezado por todas las personas del mundo que sufren, he perdonado cómo Tú nos enseñas, le he hablado de ti a los demás, te he defendido cuando alguien te insultaba, me he quitado del centro de mi vida para ponerte a ti, me he implicado, he trabajado codo con codo, he regresado a tu casa de la cual me alejé, he olvidado asuntos pasados de enfados o intolerancia para empezar de nuevo, he mirado a mi prójimo como Tú nos miras a nosotros, he hecho de tu ausencia mi motivo para encontrarme a mí mismo, y todo gracias a ti."

Cuando el Señor de la Paz regrese a casa y nos pregunte: "y Tú, ¿qué has hecho en mi ausencia?", digámosle con Fe verdadera: "Señor, he llenado tu casa de Amor, como a ti te gusta."

Que la Paz de Cristo y su Misericordia os acompañe siempre.


JUNTA COORDINADORA
 GRUPO PARROQUIAL
 PAZ Y MISERICORDIA